Thriller en Manila, épica y miserias de una rivalidad legendaria

Octubre 6th, 2009 a las 2:00 am por Angel

En los últimos tiempos mucho se ha hablado de los llamados falsos documentales. El éxito de El proyecto de la bruja de Blair abrió el camino para películas como Monstruoso, Distrito 9 o la saga de [REC]. Todas ellas son películas de ficción que simulan los modos de un documento audiovisual verídico para provocar un determinado efecto sobre el espectador. Menos frecuente son los análisis en un sentido contrario. Es decir, desvelar cuáles pueden ser las técnicas dramáticas propias de una ficción tradicional utilizadas en los documentales auténticos. El extraordinario Thriller en Manila (Thriller in Manila, 2008), escrito y dirigido por John Dower es un ejemplo perfecto de esta estrategia narrativa.

Producido por el canal de TV británico Channel 4, emitido en Estados Unidos por HBO y presentado en el Festival de Sundance 2009, Thriller en Manila explica la legendaria rivalidad entre los boxeadores Muhammad Ali y Joe Frazier, que se desarrolló en la primera mitad de los años 70 y que tuvo su espectacular escenificación en tres célebres combates. El último de ellos, celebrado en Manila en 1975, es, sencillamente, historia viva del deporte. La grandeza de Dower, sin embargo, es trascender la cuestión puramente pugilística, más allá del interés y el conocimiento previo del espectador en torno al boxeo, para resaltar el conflicto humano que presenta la película. Un conflicto humano apasionante que bascula entre la belleza romántica de la épica y el honor y la amargura dolorosa del odio y el resentimiento.

En uno de sus anteriores documentales, el muy recomendable La extraordinaria historia del Cosmos NY (2006), Dower también utilizaba la trayectoria de un equipo de fútbol, el famoso Cosmos americano, para retratar el paisaje humano y social de diferentes personajes y ambientes de los años 70 en Estados Unidos. En Thriller en Manila también se ofrece un retrato social, focalizado en las cuestiones raciales que seguían agitando los Estados Unidos de finales de los 60 y principios de los 70. Sin embargo, la potencia del drama humano entre Ali y Frazier destaca sobre todo lo demás. Para exponerlo, Dower cuenta con dos tipos de imágenes. Por un lado, presenta un autentico torrente de material de archivo de la época (combates, entrenamientos, declaraciones…), que forman el grueso audiovisual del film. Y por el otro, los testimonios en presente de varias de las personas que vivieron los hechos muy de cerca. Entre ellos, destacan las declaraciones de Joe Frazier, quien al estilo de una película de ficción convencional, se erige en protagonista con un objetivo a cumplir y que vertebra toda la narración. Y, como en toda buena ficción, este protagonista tiene un antagonista a batir, Muhammad Ali. Establecidos los dos personajes del drama desde un buen principio, Dower alterna sabiamente los dos tipos de imágenes de las que hablábamos. Y para ello, sigue un guión estructurado según las reglas clásicas de la construcción drámatica de los tres actos, delimitados por los puntos de giro adecuados para que la acción progrese.

En un contundente arranque situado en la actualidad (y después de una secuencia de apertura con la lucha de unos gallos de pelea  que evoca, en cierta manera, el comienzo de dos films de Sam Peckinpah, Grupo salvaje y Pat Garret y Billy The Kid), un Frazier envejecido, que, olvidado por todos, se gana la vida regentando un modesto gimnasio de un barrio humilde, proclama su odio irreconciliable hacia Ali: sin afirmarlo claramente, llega a sugerir que Ali se merece el Alzheimer que padece. A partir de aquí, como en una especie de flashback, la película de Dower retrocede hasta el pasado para entender los motivos de este odio tan cruel (y que llegará a resultar mucho más violento e incómodo para el espectador que los golpes en el ring).

El primer acto desvela entonces una desgarradora historia de traición y deslealtad (una temática, que, por cierto, hace pensar nuevamente en el cine de Peckinpah): Frazier ayudó a Ali cuando su carrera estaba en peligro después de su negativa a cumplir el servicio militar en Vietnam. Una vez superado este momento crítico, Ali olvidó el apoyo de Frazier y comenzó una campaña pública de agravios personales muy duros contra su antiguo amigo, enfocados a calentar el combate que los tenía que enfrentar por el título de campeón de los pesos pesados. En este sentido, Thriller en Manila destaca por una radical y valiente desmitificación del mito Ali (de hecho, el trabajo de Dower es el reverso de otro gran documental, Cuando éramos reyes, centrado en otro combate de leyenda, el Ali/Foreman de Kinsasha en 1974, y donde se juega a fondo la baza de la glorificación). Dower afronta esta demolición del mito sin importarle no contar con las declaraciones o las reflexiones del propio Ali (posiblemente por su delicado estado de salud). La ausencia de este contrapeso puede que sea el único elemento negativo que se le pueda achacar a la película (un reproche que, en cualquier caso, afectaría al contenido del film, no a su aspecto formal).

El segundo acto desarrolla la rivalidad de ambos púgiles en un crescendo narrativo irresistible. Dos combates en el ring, desprecios continuos por parte de Ali (encaminados sobre todo a presentar a Frazier como un estúpido ignorante al servicio del poder blanco), una esperpéntica trifulca frente a las cámaras de una cadena de televisión… Todo ello tiene como función dramática fundamental arrastrar al espectador al único desenlace posible: un último combate en Manila, cuyo ganador será considerado, definitivamente, el mejor boxeador de la historia del boxeo.

Este enfrentamiento constituye el tercer acto de la película y su clímax es uno de los más emocionantes y poderosos del cine reciente. En esta larga y admirable secuencia, la alternancia entre las imágenes de archivo de la pelea en Manila, absolutamente brutal, con los testimonios de los que estuvieron allí funciona a pleno rendimiento. En este punto, es importante destacar que desconocer el resultado del combate (es decir, ser un inculto total de historia del boxeo: mi caso) ayuda a experimentar y a vivir la película con el sentido del suspense con el que Dower concibe su portentoso montaje.

En los momentos finales del combate, la extraordinaria capacidad de resistencia y sacrificio de Frazier y Ali, junto con un orgullo personal mucho más allá de lo racional, logran que la palabra épica alcance su pleno significado. El espectador, además, es testigo de cómo el viejo Frazier, en la actualidad,  ve la grabación de la pelea. Y cuando, tras el desenlace, regresamos definitivamente al presente, nos encontramos con un Frazier terrenal, marcado a fuego por la amargura de un sentimiento de odio incapaz de superar. Ésta es, en realidad, su auténtica tragedia. Especialmente en este último bloque es cuando el magnífico documental de Dower remite directamente a los grandes títulos del cine sobre boxeo, como por ejemplo Toro salvaje, Million dollar baby o Fat city . Títulos que, de hecho, no se recuerdan únicamente como películas sobre boxeo, sino como clásicos del cine. Así se debería considerar, en mi opinión, a Thriller en Manila.  

 Nota: La película ha sido emitida en Canal + y se encuentra disponible en DVD en Amazon.

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