Extras, el humor de la incomodidad de Ricky Gervais y Stephen Merchant

Julio 5th, 2009 a las 2:22 am por Angel

Hay cierta unanimidad en asegurar que actualmente estamos disfrutando de una edad de oro en el campo de las series, aunque a veces este análisis se centra exclusivamente en la televisiva americana. De esta manera, nos olvidamos de producciones de otros países y que se sitúan, como mínimo, al mismo nivel de calidad. Me estoy refiriendo, en concreto, a las comedias que Ricky Gervais y Stephen Merchant han escrito y dirigido para la BBC, como la extraordinaria Extras (2005-2007), una auténtica obra maestra de la sitcom, que moderniza, en el buen sentido de la palabra, la gran tradición cómica de la televisiva británica.

Programada en España por La Sexta en horarios intempestivos de madrugada (no vaya a ser que la gente vea algo tan bueno) y disponible en DVD en una discutible edición que no incluye ni subtítulos en castellano (el material adicional… ¡si que está subtitulado!) ni el imprescindible episodio especial final de Navidad, Extras  supuso la nueva vuelta tuerca que Gervais y Merchant le dieron al género después de su antológica The Office (2001-2003).

Genial, innovadora, rompedora, transgresora… estos son algunos de los adjetivos que, aunque se utilizan demasiado alegremente en muchas ocasiones, encajan a la perfección para describir Extras (emitida en Estados Unidos en la prestigiosa HBO). Como en The Office (muy, muy superior a la adaptación americana protagonizada por Steve Carell), Gervais y Merchant exploran a fondo las posibilidades cómico-patéticas de la mezquindad humana. Y si en The Office el objetivo era la gris oficina de una empresa papelera y sus tristes trabajadores, encabezados por su miserable jefe, David Brent, en Extras el punto de mira se centra en el mundo del cine y la televisión. La gran diferencia entre una y otra, a nivel formal, es que Extras no recurre a la estética de falso documental que tan bien supieron cultivar Gervais y Merchant en The Office. No importa. El resultado final es equiparable en cuanto a calidad.

De entrada, Gervais y Merchant tienen claro que las series duran lo que han de durar y que no se pueden alargar innecesariamente. Así que, como The Office, Extras está formada por dos temporadas de 6 episodios de media hora y una traca final en forma de episodio especial de Navidad. Con este planteamiento de producción, que da la impresión de estar muy estudiado, argumentalmente la serie parte de una premisa original: el protagonista es Andy Millman (interpretado por Gervais), un actor ya más bien maduro que intenta hacerse un hueco en el mundo del cine trabajando de extra y su gran aspiración es que le den algún papel con frase para tratar de lucirse e impulsar así su carrera. Evidentemente, su objetivo no se cumple jamás. Y las personas que le rodean no le ayudan mucho: su inútil y excéntrico manager (interpretado por Merchant) y su amiga Maggie, que también intenta ganarse la vida como extra con éxito nulo.  

A través de unos guiones precisos en su construcción, en su progresión dramática y en sus diálogos, Extras busca el humor a partir de las situaciones de ridículo total y de humillación completa en las que se ven abocados sus personajes principales, Andy sobre todo, por su mezquindad, por su miedo a no caer bien a los demás, por su incapacidad de relacionarse con la gente sin pensar en el que dirán. La cuestión por la que Extras (siguiendo el camino marcado por The Office) supone un punto y aparte en la comedia es porque estas situaciones humillantes se llevan a tal extremo que, hay un momento, en que al espectador se le empieza a congelar la sonrisa en los labios, en que la carcajada se convierte en vergüenza ajena por lo que está viendo. En definitiva, el humor deja de hacer risa para provocar una sensación de incomodidad y de malestar muy difícil de evitar y, muy importante, nunca experimentada en cine y televisión de esta manera (habrá que estar atentos a Pagafantas, una película que en el momento de escribir estas líneas todavía no he visto y que, según su coguionista y director, Borja Cobeaga, el autor del premiado cortometraje Éramos pocos, está influida por los trabajos de Gervais y Merchant).

La arquitectura del guión de Extras es tan perfecta que esta sensación de desasosiego se anticipa con claridad y, a la vez, con sutiliza (mediante una técnica que a veces recuerda  a la ocultación selectiva de información para crear suspense: el público sabe más cosas de la trama que los personajes). Así que el espectador ve venir los desastres de Andy de tal manera que le dan ganas de dejar de mirar la pantalla o de avisarle de que no siga con determinada actitud.

El gran aliciente que presenta Extras es que estas situaciones límite están relacionadas casi siempre con temas tabú, en los que la censura febril de la corrección política (es decir, de la hipocresía, la estupidez y la cobardía) marcan su territorio prohibido. Pero Gervais y Merchant no tienen ningún miedo, de forma que buscan el humor en situaciones en las que intervienen miembros de determinadas “minorías” sociales: gente con problemas cerebrales, enanos, negros, homosexuales, niños con enfermedades terminales, niños con síndrome de Down, mendigos… Pero nunca se ríen de ellos. El respeto está de su lado totalmente. A través de estos personajes, Gervais y Merchant sacan a relucir todas las miserias personales de Andy y sus amigos, prisioneros de sus prejuicios, de su racismo mal asimilado, de su falsa moral y, como señalaba antes, de la dictadura de la corrección política.

Ejemplos de este humor hay en cada capítulo, pero no me resisto a mencionar un par: en un rodaje, Andy intenta ligarse a una mujer y para ello se burla de una chica porque, como camina mal, cree que está borracha…cuando en realidad es hermana de la que quiere seducir y camina con dificultades porque padece una parálisis cerebral. La cosa no acaba aquí. La bola se hace más grande cuando, para arreglar el desaguisado, Andy se hace pasar por religioso y acompaña a la iglesia a las dos mujeres. El resultado final es catastrófico para su integridad moral. No menos  bochornosa es su actitud cuando consigue un papel para una obra gay y teme que sus amigos y conocidos puedan pensar que él, que además arrastra un historial amoroso más bien escaso, es homosexual.

Otro de los grandes aciertos de Extras, y otra de las muestras del ingenio sin límites y de la originalidad de Gervais y Merchant, es que en cada capítulo actúa como invitado especial un actor famoso que se interpreta a sí mismo. El trabajo de Andy y Maggie es la coartada perfecta para ello porque ambos intervienen en los nuevos rodajes de gente como Ben Stiller, Kate Winslet, Samuel L. Jackson o Patrick Stewart. La gracia es que todos ellos se lanzan, sin red,  a un perverso y brillante juego ideado por Gervais y Merchant: prestarse a la autoparodia y a la desmitificación, para adherirse así a la mezquindad y ruindad vital con la que viven (o malviven)  los personajes de la serie. Por ejemplo, Stiller se presenta como un energúmeno que quiere romper con su imagen de cómico dirigiendo, en plan autor de prestigio, una película realista sobre la guerra en Yugoslavia. El shakesperiano y respetable Stewart, por su parte, quiere rodar una película en la que, como sea, han de salir mujeres desnudas.

La segunda temporada de la serie es aún más implacable. En la primera los autores se apiadan en alguna ocasión de Andy y, sobre todo, de  Maggie, y les permiten enseñar pequeños (pequeñísimos) atisbos de dignidad personal (en The Office, incluso, Gervais y Merchant demostraban una sensibilidad exquisita al jugar durante toda la serie con una historia de amor imposible realmente emocionante). En los episodios de la segunda temporada esta piedad no aparece por ningún lado. La vida de Andy sufre un cambio importantísimo. En principio, a mejor. Ha sido elegido para protagonizar una sitcom en la BBC, “When the whistle blows”, que alcanza un éxito de audiencia tremendo. El problema para Andy es que él aspira a algo más: la serie no le gusta nada porque es un producto de humor fácil y burdo, basado en coletillas chuscas. Andy quiere ser un actor de verdad y protagonizar algo importante. Los deseos de Andy, que en realidad esconden una vanidad desmedida y una ausencia incuestionable de talento, le llevan, ahora que es famoso, a situaciones aún más humillantes a las experimentadas cuando era un humilde y desconocido extra.

El catálogo de celebridades invitadas en esta segunda temporada es de primer nivel: entre otros, Orlando Bloom, David Bowie, Daniel Radcliffe, Chris Martin, Ian McKellen y Robet De Niro.  Inolvidable es la interpretación de Radcliffe, que se dedica a ir contra su imagen de adolescente ideal forjada en la saga Harry Potter presentándose como un obseso sexual que se quiere acostar como sea con cualquier mujer. Pero, en mi opinión, el gran momento es para Bowie, con quien Andy y Maggie, que han huido de unos fans freakies de “When the whistle blows”, se encuentran en un local de moda. Andy, bajo de moral por sus remordimientos por triunfar con una serie de humor barato, sufre una humillación pública en forma de canción a cargo de Bowie que merece figurar entre las mejores secuencias de la historia de la comedia televisiva.

Extras se cierra con un episodio especial, que se emitió en época navideña unos meses después del final de la segunda temporada (como The Office, aunque en este caso dividido en dos partes). Esta última entrega, concebida como una película de unos ochenta minutos de duración y también con sus estrellas invitadas, como Clive Owen o George Michael, tiene un tono algo menos sutil, un poquito más convencional, pero resulta igualmente demoledora y cruel. Andy abandona la sitcom con la que ha triunfado para dedicarse al cine. Para ello, rompe con su mánager y con su amiga inseparable, Maggie. Asistimos entonces a un paso más en la degradación ética y moral de Andy, que, tras darse cuenta de que no es un buen actor y de que sólo le interesa la fama, acaba en un reality show tipo Gran Hermano para celebridades de medio pelo.

Este episodio final es posible que sea algo moralista y, por fin, aparece la compasión y la posibilidad de redención para sus protagonistas, pero su directa y valiente diatriba contra la industria de la fama, contra la telebasura, contra sus creadores (perpetradores, mejor dicho) y sus consumidores (el público), es muy lúcida, además de audaz para los tiempos que corren. Y, sobre todo, más que necesaria. Supone un colofón coherente y brillante para Extras, una serie excepcional y antológica, imprescindible para los amantes de la comedia y de la buena televisión de ficción. Un hito que demuestra que en la comedia los únicos límites que hay son los de la inteligencia, el talento y la valentía.   

 

CLIP PROMOCIONAL DE EXTRAS:

1 comentario sobre “Extras, el humor de la incomodidad de Ricky Gervais y Stephen Merchant”

  1. Silvina Says:

    LA MEJOR SERIE QUE VI EN MI VIDA.

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