Hellraiser, una historia genial con malos carismáticos

Diciembre 26th, 2008 a las 2:12 am por Àlex ScriptMan
 
El hombre costurero y sus raros amigos
 

Uno de los mejores creadores de historias de terror es el maestro Clive Barker. Es responsable de personajes tan carismáticos como Candyman, el espectro que aparece cuando pronuncias su nombre 5 veces frente a un espejo (Candyman, 1992), o Pinhead, el bicharraco con agujas en la cara que todavía hoy encoge el estómago del espectador (Hellraiser, 1987). Este último es el cabecilla de los Cenobitas, criaturas que al ser invocadas sumergen a quien les llama en un infierno de sensaciones extremas.

 

Esta estremecedora idea, combinada con unos personajes de lo más grotesco y efectos turbadores, sigue acojonando 20 años después. Por eso cuando la caja que sirve para atraer a tan extrañas criaturas empieza a moverse con vida propia en la pantalla el espectador solo puede encogerse en el sofá. Los Cenobitas están en camino, y nadie escapa de ellos. Bueno, quizás eso no sea del todo cierto porque en algún momento del film pueden parecer un poco estúpidos. Eso sí, en rasgos generales su presencia pone los pelos de punta.

 

De acuerdo, no es el título más adecuado para las fechas navideñas, pero me ha dado por ahí.

 

La película empieza cuando Frank Cotton, un viva la vida a la búsqueda de nuevos placeres, compra la caja que sirve para invocar a los Cenobitas. Lo que Frank ignora es que el placer en exceso puede convertirse en una pesadilla. Cuando estas criaturas entran en acción, encabezadas por el mítico Pinhead, todo se rasga y se rompe. Estas criaturas de aspecto espeluznante ofrecen una versión del placer muy peculiar. Frank tarda poco en arrepentirse cuando les invoca en un viejo caserón de su familia.

 

Larry Cotton, el hermano de Frank, y su esposa Julia se trasladan a la casa donde Frank ha sido abducido por los Cenobitas. Una gotas de sangre de Larry derramadas accidentalmente en el suelo permiten a su hermano arrastrase de nuevo hasta el mundo real. Pero lo hace convertido en un engendro que necesita más y más sangre para recuperar las fuerzas perdidas. Julia, que siempre ha estado coladita por el gamberro de Frank, le ayudará a resurgir de sus propias cenizas.

 

Los efectos especiales que propone Hellaraiser han envejecido bien, excepto en los momentos en los que se vuelven excesivamente ambiciosos. Cuando aparece un monstruo interdimensional que parece un chicle mascado con dientes el espectador actual tiene que sonreír a la fuerza. Pero algunas imágenes quedan inmediatamente grabadas en la retina como momentos estelares del cine de terror. Uno de los mejores es cuando Frank renace al mundo real atravesando la sangre que ha derramado su hermano en el suelo de la habitación. La escena es sencilla pero oscura, muy oscura.

 

La única pega es que por muy peligrosos y poderosos que sean los malos de la película, alguie debe plantarles cara. Cuando eso significa corretear esquivando cadenas mientras se trata de recomponer el puzzle dimensional que invoca a los Cenobitas, los enfrentamientos son poco impactantes. Se podría decir que estos demonios tienen pocos recursos cuando la víctima hace algo que no sea quedarse quieta temblando de miedo.

 

De todos modos, el cóctel que nos propone Clive Barker junta todos los elementos necesarios para crear un gran título de terror: una historia original, efectos visuales más que apañados y personajes brillantes e innovadores. Lástima que ya esté en marcha el remake. Si los efectos digitales modernos destrozan su clásico, quizás Barker se verá forzado a centrarse en su productiva carrera como creador de videojuegos. Ideas no le faltan.

 

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