Una Historia Verdadera, la vida misma a cámara lenta

Octubre 31st, 2008 a las 1:06 am por Àlex ScriptMan

 

 

 

 

La propuesta que nos hace David Lynch en Una Historia Verdadera (The Straight Story, 1999), se aleja mucho del cine al que nos tiene acostumbrados este hombre. John Roach, para mi un perfecto desconocido, y Mary Sweeney, una colaboradora habitual de Lynch, nos ofrecen un guión emotivo y muy bien llevado. Lo más importante, que se trata de una historia sencilla y, al mismo tiempo, potentísima. Una gran idea de guión basada en la vida misma.

 

Alvin Straight, interpretado por el entrañable Richard Farnsworth que empezó su carrera de actor como jockey en Una Noche en las Carreras (Sam Word, 1937), es un anciano americano que vive con su hija en Iowa. Juntos sufren el antisueño americano, el más común, viendo la vida pasar desde la pobreza en un pueblucho donde no pasa nada. Rosie, la hija de Alvin interpretada por la genial Sissy Spacek, es una joven tartamuda i un poco retardada que da un poco de sentido a la vida de su padre. Cuando el hermano de Alvin sufre un ataque al corazón, Alvin decide superar los años de silencio que le separan de él. El problema es que su único medio de transporte es una cortadora de césped…

 

Así empieza la historia de nuestro antihéroe, que debe cruzar más de 300 millas montado en un cacharro para ver a su hermano antes de que ambos mueran. Por el camino se cruzará con todo tipo de personajes, desde la joven preñada que huye de su familia hasta el veterano de guerra con el que compartir batallitas. Para todos ellos Alvin tiene alguna frase genial, algún apunte magistral, alguna palabras memorables que convierten el guión de The Straight Story en poesía visual.

 

De verdad que no soy amante de los dramones, pero esta película es especial. Todo sucede despacio. ¿Cómo iba a ser si no montados en un cortacésped que viaja por la cuneta a menos velocidad que este blog? Pero la vida toma una perspectiva diferente desde la cuneta, y las cosas realmente importantes se hacen evidentes. A veces las cosas más triviales nos separan de las personas que realmente nos importan, y cuando eso sucede es muy difícil reparar los platos rotos. Alvin tiene la valentía de intentarlo. Sólo si le acompañáis a lo largo de esta genial historia verdadera sabréis si lo consigue o no.

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