Soy Leyenda, una novela mejor que cualquier película

Agosto 25th, 2008 a las 12:42 pm por Àlex ScriptMan

 

Soy... Un cuento chino

 

En 1954 Richard Matheson escribió un relato (novela corta) de aquellos que se avanzan a su tiempo. Sitúa su historia en un futuro apocalíptico para él lejano, 1976. Así pues la historia pierde verosimilitud por su ubicación temporal, como sucede con la genial 2001: Odisea en el espacio de Arthur C. Clarke, pero sigue funcionando a la perfección si hacemos un pequeño ejercicio de imaginación.

 

El motivo de este post es denunciar que, como por desgracia sucede demasiado a menudo, las diferentes adaptaciones cinematográficas no han sido fieles a la fuerza del relato original. Y no se trata solo de los matices que por fuerza se pierden al pasar de las páginas de un libro al celuloide, sino que el final de la historia se ha visto modificado en las distintas adaptaciones… ¡y el resultado ha sido cada vez peor!

 

La novela de Matheson narra las desventuras de Robert Neville, un hombre solo en un mundo dominado por los vampiros. Así pues la historia da la vuelta al mito de Drácula, convirtiendo al ser humano en el bicho raro. Cada noche los vampiros rodean su casa apara reclamar su sangre. Nuestro protagonista se convierte en leyenda al ser la excepción, el monstruo, el ser diferente que vive de día y duerme de noche y sale de caza mientras los habitantes del nuevo mundo descansan en la oscuridad.

 

Tras perder a su esposa y a su hija la locura casi se lleva a Neville, pero su instinto de supervivencia le impulsa contra su voluntad a hacerse fuerte en su casa para combatir la plaga de vampiros. Por el día les clava estacas en el corazón y por la noche se emborracha para dormir. Poco a poco irá descubriendo la naturaleza del fenómeno vampírico e intentará poner orden en su vida para encontrar la forma de combatirlo.

 

La primera adaptación cinematográfica se llamó The Last man on Hearth (Ubaldo Ragona, 1964), y tenía a Vincent Price como protagonista. Quizás sea la más fiel, pero además de cambiarle el nombre al protagonista por el de Robert Morgan, el final pierde dramatismo. Es más simple y rápido. Después llegó The Omega Man (Boris Sagal, 1971), con Charlton Heston en el papel de Robert Neville. El propio Matheson reniega de esta adaptación y asegura que se aparta tanto de su relato que ni siquiera le importa.

 

La última adaptación llegó de la mano de Francis Lawrence, I Am Legend (2007), con Will Smith en el papel protagonista. A pesar de que en este caso se mantuvo el nombre original de la novela, los guionistas Mark Protosevich y Akiva Goldsman también se permiten algunas licencias que, a mi entender, empeoran la historia. Me gusta el perro que permite a Neville hablar y ser en un personaje más comunicativo para el espectador. Pero… ¿Por qué los vampiros deben convertirse en súper hombres digitales que dan grandes saltos y tienen una fuerza descomunal? ¿Por qué se introducen tantos cambios en la trama más allá de la mera actualización temporal? Y lo más importante: ¿Por qué se edulcora el final hasta el punto de que el título de la película pierde sentido?

 

Hay historias que conducen irremisiblemente hacia un único final. Matheson dejó fluir su relato hasta el final más adecuado. ¿Por qué el cine insiste en alterar aquello que ya funciona a la perfección? Os recomiendo la lectura de Soy Leyenda para estos últimos días de agosto.

 

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