La Rosa Púrpura del Cairo, una bella rareza

Julio 28th, 2008 a las 17:27 pm por Àlex ScriptMan

 

 

El amigo Woody Allen tiene una filmografía dispar. En ella se encuentran películas buenas (Sleeper, 1973), malas (Scoop, 2006), grandes (Match Point, 2005), flojas (Celebrity, 1998) y algunas geniales. La Rosa Púrpura del Cairo (1985) pertenece a este último grupo. Se trata de un cóctel facilísimo de beber en el que se mezclan las dosis justas de comedia, drama y ficción.

 

Su guión recibió una nominación a los Óscar, y es que la idea sobre la que se construye es brillante: Un personaje secundario se fuga de la pantalla de un cine en New Jersey al mundo real porque se enamora de una espectadora. La situación que crea, con el resto de personajes esperando en pantalla su regreso y los responsables de la película sin entender nada, es el caldo de cultivo ideal para esos diálogos hilarantes marca de la casa.

 

Cuantas más películas veo de ella, más me gusta Mia Farrow. En esta ocasión interpreta a Cecilia, una sufrida ama de casa que carga con todas las responsabilidades del hogar que comparte con Monk (Danny Aiello), un marido borracho y holgazán. En el New Jersey de los años 30 Cecilia sólo puede ir al cine para olvidar su miserable existencia. Todo cambiará cuando Tom Baxter, un intrépido explorador interpretado por Jeff Daniels, abandone la pantalla del cine para declararle su amor a la desconsolada Cecilia.

 

El embrollo que se organiza, con el director de la película y el actor que interpreta al personaje fugado al frente, es de campeonato. Me encantan las conversaciones entre los espectadores y los personajes que se han quedado atrapados en la película. A medida que avanza la historia de amor imposible la situación se complica, y el celoso marido de Cecilia podrá demostrar una y otra vez lo poco merecedor que es de ser su esposo. La película tiene buen ritmo, y nos hace pensar en el cine como válvula de escape de nuestros dolores de cabeza. Eso sí, ¿nos ayuda a cambiar las cosas en el mundo real?

 

Aunque se trate de un argumento disparatado, todo sucede con gran naturalidad. En ningún momento chirría la idea de ver a un personaje saltar de la pantalla, y hacer que el espectador se trague sin inmutarse una cosa así está sólo al alcance de los más grandes. De acuerdo, en El último gran héroe (John McTiernan, 1993) Arnold Schwarzenegger también saltaba de la pantalla, pero no quiero especializarme en comentar películas de Arnie y esa era una película infantil. La idea también se repite, salvando las diferencias, en una película anterior de Allen, Sueños de un seductor (Play it again, Sam, 1972). En ella el mismísimo Humphrey Bogart se persona en sus delirios para darle consejos de seducción.

 

Me quedo con una frase absurda de La Rosa Púrpura del Cairo. La suelta extrañado el personaje fugado de la pantalla tras besar a Cecilia en el mundo real:

    - ¿Y el fundido a negro? ¿Hacéis el amor sin fundido a negro?

1 comentario sobre “La Rosa Púrpura del Cairo, una bella rareza”

  1. Carles Says:

    Perquè serà que les pelis, com aquesta, on Woody Allen es limita a fer de guionista/director, i no surt com a actor, m’agraden molt més?

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